Ocho estudiantes de Bachillerato regresan de Ånge con nuevas amistades, aprendizajes y recuerdos que les acompañarán toda la vida
Hay viajes que se recuerdan por los lugares visitados. Otros, por las personas que se conocen. Y luego están experiencias como Global Classroom, capaces de dejar huella por todo lo que se aprende dentro y fuera de uno mismo.
Ocho estudiantes de 1º de Bachillerato del Centro Formación Somorrostro han participado recientemente en la edición 2026 de este proyecto internacional celebrado en Ånge (Suecia), donde jóvenes de distintos países han convivido durante una semana compartiendo actividades, culturas, ideas y experiencias alrededor de un tema común: la amabilidad o kindness.
A lo largo de varios días, el alumnado ha trabajado junto a estudiantes procedentes de Alemania, Estados Unidos, República Checa, Sudáfrica, las Islas Shetland y Suecia, participando en talleres, presentaciones, dinámicas interculturales, excursiones por la naturaleza, actividades deportivas y momentos de convivencia con familias anfitrionas.
Pero si algo queda claro al escuchar a quienes han participado, es que el verdadero valor de Global Classroom va mucho más allá del programa oficial.
Mucho más que un intercambio
«En todos los viajes se aprende algo, pero en Global Classroom se aprenden muchas cosas: compañerismo, a socializar con gente de otros países, a convivir con otra familia, a adaptarse a nuevos entornos…», explica Ane.
Una reflexión que resume perfectamente el espíritu de un proyecto que no busca únicamente mejorar el inglés o conocer otro país, sino favorecer el crecimiento personal a través del contacto con personas de diferentes culturas y realidades.
«Una de las cosas que me llevo de este viaje ha sido conocer las distintas culturas de los países que han participado y todo lo que he aprendido de ellas«, destaca Zelai. «Ha sido una experiencia muy emocionante en la que he conocido a mucha gente que me ha enseñado muchas cosas.»
Durante la estancia, el alumnado convivió con familias suecas, una experiencia que para muchos suponía un reto inicial. Sin embargo, los nervios dieron paso rápidamente a la confianza y a la creación de vínculos muy especiales.
«Al principio sientes bastante incertidumbre porque no sabes qué te vas a encontrar, tanto con la gente como con la familia que te acoge. Sin embargo, poco a poco todo se convierte en una experiencia muy bonita», relata Hodei. «Acabas creando amistades con gente de distintos países y te llevas recuerdos para toda la vida.»
Aprender a comunicarse sin miedo
Uno de los aspectos más enriquecedores de la experiencia ha sido comprobar que la comunicación va mucho más allá del dominio perfecto de un idioma.
«Al principio estaba nerviosa porque no sé mucho inglés, pero he aprendido que puedes entenderte con los demás aunque no hables el idioma perfectamente», explica Ekiñe. «Además, he conocido personas con las que he conectado muy bien.»
También Arianne destaca la oportunidad que supone practicar idiomas en un contexto real mientras se construyen nuevas amistades:
«He aprendido a convivir con gente de mi edad mientras trabajábamos la amabilidad. De este proyecto me llevo nuevas amistades y muchos momentos. Recomiendo mucho hacerlo para conocer gente y practicar el inglés.»
Naturaleza, convivencia y recuerdos imborrables
Las actividades organizadas por el centro anfitrión permitieron al alumnado descubrir algunos de los paisajes más espectaculares de Suecia, disfrutar de excursiones, actividades deportivas y momentos de convivencia únicos.
«Me llevo todas las excursiones y actividades que hemos compartido con personas de diferentes culturas y países», recuerda Itsaso. «Toda la gente que hemos conocido durante este viaje ha hecho que esta experiencia sea aún más inolvidable. Ha sido increíble por las amistades que hemos hecho y los buenos ratos que hemos pasado.»
Para Endika, uno de los aspectos más importantes ha sido precisamente todo lo vivido junto a compañeros y compañeras de diferentes países:
«Lo que más me llevo de esta experiencia es toda la gente que he conocido y todo lo que he vivido estos días. Al principio estaba un poco nervioso, pero enseguida me fui soltando y disfrutándolo mucho. Me quedo con un montón de recuerdos, anécdotas y momentos que no voy a olvidar.»
El valor de las pequeñas cosas
Más allá de las actividades, muchos participantes coinciden en que la experiencia les ha ayudado a desarrollar una nueva forma de mirar el mundo.
«He aprendido el valor de las pequeñas cosas y que con ellas se pueden lograr muchas cosas», reflexiona Maren. «También a relacionarme con personas de otros países con culturas muy distintas a la mía. Ha sido una experiencia única de la que me llevo muchísimos recuerdos y amistades que no voy a olvidar.»
Un aprendizaje especialmente significativo en una edición centrada precisamente en la amabilidad, la empatía y el respeto hacia los demás.
Una experiencia que todos recomiendan
Si hay algo en lo que coinciden los ocho participantes es en que volverían a repetir la experiencia sin pensarlo.
«Si tuviera la oportunidad de repetirla, lo haría sin dudarlo», afirma Zelai.
«Es una experiencia única y la recomendaría muchísimo», añade Hodei.
«Te ayuda a mejorar idiomas, conocer otras culturas, hacer nuevas amistades y crecer personalmente», resume Ekiñe.
Y quizá sea Ane quien mejor sintetiza lo que representa Global Classroom para quienes tienen la oportunidad de vivirlo:
«No es un simple intercambio. Es un proyecto donde se intercambian culturas, ideas y formas de pensar. Es un sentimiento muy bonito poder vivir algo así, porque te llena completamente por todo lo que has vivido y aprendido.»
Una semana en Suecia que ya forma parte de la mochila vital de nuestro alumnado y que demuestra, una vez más, que algunas de las lecciones más importantes no siempre se aprenden dentro de un aula.
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